jueves, octubre 04, 2007

vestigio,traza, señal, huella


La inclemente lluvia que cayó ayer, ha dejado desnudo el suelo de la dehesa en la que hoy he paseado bajo el tibio sol que calentaba empapadas telarañas, bayas, hongos y musgos. El otoño de nuevo y un poco de paz al mediodía.
Piedras, restos metálicos, raíces, antes ocultos, han aflorado a la superficie junto a este herrumbroso clavo retorcido que descansa sobre mi mano y da sombra a la línea de la vida.
Mi mano y la mano de mi padre, grande y fuerte.
Un clavo que recuerda que por ese lugar quizá pasó algún carro del que pudo caerse. El trabajo incesante en torno a la construcción del palacio y de la iglesia. El tiempo que pasa y quema la memoria. Este pueblo lleno de historia y de dolor, y mi mano abierta al objetivo como a un martillo.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Hablas de dolor. Pues que ese clavo que vemos saque el que no se ve.

3:49 a. m.  
Blogger Maria Bernardino said...

tengo a araceli al lado que quiere comentar

10:13 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

y vamos a probar

10:13 a. m.  

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